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Palacios, bazares, y el alma del Mediterraneo.

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Palacio TomcapiDÍA 7:

Quién lo diría. Adivinen con quien nos encontramos de camino al Palacio Topkapi en esta ciudad de 10.018.735 habitantes. “¡Pertev!” Con sus vaqueros grises raídos, camiseta negra de Led Zeppeling y melena canosa. Iba de guía de un grupo de risueños japoneses que lo seguía apelotonado y asintiendo a sus explicaciones. “¡Pertev!” exclamé para que advirtiera nuestra presencia entre la muchedumbre. “Hola amigos” respondió sonriente y, extrañamente, no muy sorprendido. Nos dio la mano cariñosamente para inmediatamente después añadir “misma ropa lleváis que día de despedida eeeee…”. Aturdidos por este comentario solo acertamos a decir, “hombre… si, si… pero nos hemos cambiado estos días eee…no vayas a pensar…” Él se reía. Mientras, los japoneses, “¡flash, flash, flash, flash! con su perpetua sonrisa, haciéndonos fotos como si fuéramos un elemento más del monumental Sultanahmet.  Incluso uno de ellos llego a acercarse a nosotros para darnos propina por nuestra amabilidad como se les da a los artistas callejeros. Decidimos escapar de allí cuanto antes. Quién sabe. Quizá esta no sea la última vez que nos encontremos con Pertev.

Entrada palacio TopkapiEntramos en el Palacio Topkapi. Este opulento conjunto palaciego ha sido escenario de las más variadas historias de amor, odio, envidia, lujuria… Fue hogar de Selim “El Borracho”, que se ahogó después de beber demasiado champan; de Ibrahim el Loco, que perdió la razón después de que su hermano Murat IV, lo mantuviese 22 años encerrado; y de la malvada Roxelana una antigua concubina que se convirtió en la poderosa consorte de Solimán El Magnífico. Estas son solo tres de las muchas historias de otomanos tristes, locos  y malvados que la habitaron entre  1453 y 1839.

Fue Mehmet el Conquistador quien inició la construcción de Topkapi.  Se compone de tres patios. El primero abierto al público, el segundo abierto solo a los que formaban parte de la administración imperial y al tercero y cuarto solo se permitía la entrada a la familia real.  Los aposentos a los que se accede desde los patios son, hoy en día, salas donde se exhiben inverosímiles y disparatadas reliquias como el  Bastón de Moies, la Espada de David o las Barbas de Mahoma. Aunque también están las antiguas llaves del Kaaba en La Meca. Estas sí totalmente auténticas ya que las custodiaba el emperador otomano que, a su vez, era Califa (“El Papa de los musulmanes”). Además en estas salas se pueden ver joyas de incalculable valor, armas e instrumentos bélicos de toda índole.

Haren of TopkapiQuizá la parte más popular del Topkapi sea el Harén, para el que hay que pagar un pequeño extra. No solo era el lugar donde el sultán pasaba agradables veladas. El harén conformaba los aposentos privados de la familia real. Eunucos de raza negra constituyan la servidumbre. En el reinaba la valide sultan (habitualmente la madre del sultán “futura suegra”) que podía incluso dar órdenes al gran visir. En el Harén se instruía a mujeres traídas de las tierras conquistadas. No se llevaban a mujeres “turcas” porque estas eran libres. Aunque muchas estarían deseando de ser aceptadas. Entre las mujeres del harén el sultán podía elegir hasta cuatro legítimas, denominadas kdim, y tantas concubinas como quisiera. Llegaron a haber más de trescientas. La primera kdim en darle un hijo barón al sultán pasaba llamarse haseki sultan (madre del futuro sultán), y la primera en dar una hija haseki kdim. Todas las damas luchaban para que su hijo-hija fuera el heredero/ra del trono. Mediante la influyente institución del harén se consiguió la archeological museum Estanbul perpetuación del imperio sin divisiones ni grandes disputas.

Topkapi me gustó. Pero los Museos Arqueológicos que se encuentran justo al lado me fascinaron.  Atestados de esculturas y sarcófagos, en el jardín, en las escaleras, incluso en los servicios, parece que no saben dónde meter todo eso. El complejo se divide en tres edificios. El Museo Arqueológico, El Museo del Antiguo Oriente y el Quiosco de los Azulejos. El Sarcófago de Alejandro, momias, esculturas licias, figuras de la edad de bronce, tablillas con escritura cuneiforme, jeroglíficos egipcios, y mucho material de la mítica ciudad de Troya que se encontraba en Çanakkale (Turquía).

Se puede ver en el museo una gran cantidad de civilizaciones ancestrales anteriores a la antigüedad clásica, civilizaciones pertenecientes a la protohistoria entre las que quizá destaque la sumeria. Pienso que las civilizaciones que vivieron en las tierras desde el Eufrates y el Tigris, al Nilo y en todo el Mediterrano son el germen de nuestra civilización occidental actual, son el germen de lo que somos. Este Museo Arqueológico nos da una visión privilegiada y acertada de ese germen.

Galata Bridgenarguile smokerDespués de tanto caminar, cansados,  tomamos çay y fumamos narguile  en un bar-restaurante en los bajos del Puente Galata, observando a los pescadores y el intenso tráfico marítimo del Cuerno de Oro.

Los bazares de la ciudad son imprescindibles de visitar. El Gran Bazar (Kapalıçarşı) es el bazar cubierto más grande del mundo. Un laberinto de callejuelas atestadas de gente donde los Kapalıçarşıvendedores te atosigan gritando precios que varían en décimas de segundo. El regateo es imprescindible, pero al ver que algunos pueden llegar a bajar el precio hasta en un 90% sobre el inicial hace inevitable el sentimiento de que en todo momento estamos siendo estafados. Tómenselo como un juego. Pero no olviden que los mercaderes se ofenden si después de una acalorada negociación y después de haber conseguido rebajar notablemente el precio se van sin comprarlo.

El Bazar de las Especias de Estambul (Mısır Çarşısı) en Eminonu es más pequeño, menos impresionante pero más encantador que el Gran Bazar. Montañas de olorosas especies de vivos colores y cereales en grandes cestas y cuencos. Dulces árabes (baklava) de pistachos, almendras, hojaldres y miel; y gelatinosas delicias turcas (locum) de extravagantes colores y sabores. Coman todo lo que puedan. Están deliciosas. Merece la pena engordar un poquito, yo lo hice, quizá no puedan a volver a degustarlos.

Mısır ÇarşısıAbriéndonos paso entre la gente, los olores, e intentando no sucumbir ante tanta tentación alimenticia “¡Borja! ¡Borja!” oyó mi mujer. Se quedó petrificada. ¿Cómo podía ser que alguno de esos barbudos tenderos supiera mi nombre? “Te están llamando” me dijo perpleja. ¡Borja! ¡Borja! Por fin vimos de donde procedía la voz. Era el arquitecto de Getxo del que ya hemos hablado en el post “Un Veraneante Perdido en Pleno Imperio Romano” asomando la cabeza del interior de una tienda de pergaminos. Parece que al final la mega polis de Estambul tampoco es tan grande.

Para acabar el día decidimos ir a la Mezquita de Süleymaine. ¡Qué cuestas! Empezábamos a pensar que no llegaríamos, o que nos habíamos perdido,  pero al final lo conseguimos, llegamos a  Corona, una de las siete colinas que domina el Cuerno de Oro. En ella se yergue orgullosa la mezquita de mayor grandiosidad de la ciudad, aunque no la mayor en tamaño.  Encargada por el Gran Solimán el Magnífico (1520-1566) es la cuarta mezquita imperial de Estambul. Apenas había turistas.  Abrumador por su tamaño y relajante por su simplicidad.  En el hermoso külliye (conjunto exterior de la mezquita) hay un comedor de beneficencia, un hostal y un hospital.

judias arrozEn los alrededores de la mezquita había muchos estudiantes locales, especialmente cerca de Darüzziyafe. Cenamos en una terraza fasule y pilav (judías y arroz) por muy poco dinero con la compañía de un gato persa blanco de penetrante mirada.

De camino a casa era de noche, hacia frio. Incluso con mi jersey tenia frio. Se veían niños en malas condiciones sentados en las esquinas de las calles. Me llamó la atención uno que vestía una agujereada y decolorada camiseta amarilla y temblaba de manera descontrolada. Tendría unos doce años. Un turco con pinta de estudiante universitario que iba con su novia se quitó su chamarra y se la puso encima. El niño estaba tan mal que ni tan siquiera levanto la cabeza para agradecer a su benefactor. Me sentí miserable ante esa lección de moral y generosidad.

Para los musulmanes la caridad (zakat) es el tercer pilar de su religión después de la fe y la oración.  El Islam dice que todo pertenece a Dios, por lo tanto, los hombres  tienen la riqueza solo en depósito. Entienden que mediante la caridad se purifica o crece el alma. Purificación o crecimiento serian la traducción de zakat.  Aunque en la realidad esos gestos generosos se realizan en Turquía, al igual que en Yemen, Kuala Lumpur, Chicago o Amezketa por empatía y porque sale de la persona, por humanidad, por bondad, independientemente de la religión o la cultura. Somos buenos por naturaleza (siempre hay excepciones), los musulmanes también (aunque viendo la CNN y las pelis de Hollywood parezca mentira).

Para los musulmanes la caridad (zakat) es el tercer pilar de su religión después de la fe y la oración.  El Islam dice que todo pertenece a Dios, por lo tanto, los hombres  tienen la riqueza solo en depósito. Entienden que mediante la caridad se purifica o crece el alma. Purificación o crecimiento serian la traducción de zakat.  Aunque en la realidad esos gestos generosos se realizan en Turquía, al igual que en Yemen, Kuala Lumpur, Chicago o Amezketa por empatía y porque sale de la persona, por humanidad, por bondad, independientemente de la religión o la cultura. Somos buenos por naturaleza (siempre hay excepciones), los musulmanes también (aunque viendo la CNN y las “pelis” de Hollywood parezca mentira).